Top
Los jueves, milagro

¿Por qué lo llaman cine cuando quieren decir audiovisual?

La reciente crisis del cine español provocada por los desaires del Ministerio de Cultura y el señor Montoro han abierto el vigésimo sexto capítulo de los desencuentros entre el sector del cine y un gobierno especialmente reticente a dar buenas noticias al sector que ellos identifican como el de la ceja.

Dejando de lado las causas de los errores de la política de soporte al cine del Gobierno, ya sean ideológicos o por la pretensión de la implantación de un nuevo sistema que nunca llega (y que gran parte del sector espera como el santo advenimiento), me gustaría plantear una cuestión que no es baladí:

¿Por qué lo llaman cine cuando quieren decir audiovisual?

Las políticas para, por y sobre el cine son las políticas audiovisuales de un estado. De forma activa o pasiva, lo que él cine recibe y cómo lo recibe de los organismos públicos termina afectando a todo el sector audiovisual, que dicho sea de paso no es poco.

Me gustaría recordar que el cine no es todo el audiovisual, sino solo una parte –y una parte que está en franco retroceso– que a su vez terminará ocupando una parte muy interesante y prestigiosa de las industrias creativas mundiales. Pero repito: solo una parte.

Las cuotas de las televisiones, las ayudas del Ministerio (antes, durante y después), el sistema de avales bancarios, la preponderancia de los distribuidores (y sus oscuras complicidades con las salas) o las ayudas directas de los gobiernos autonómicos son hechos que modifican la salud del panorama audiovisual de un país, un estado o un continente.

Es evidente que el Gobierno del PP en España no tiene mucho afecto por el sector cultural (IVA,  recortes e incomprensiones varias) y que históricamente la derecha y los sectores creativos son como el agua y el aceite, pero es evidente que las políticas relacionadas con el sector audiovisual de otros gobiernos tampoco han ayudado a reforzar un panorama audiovisual sólido y sostenible.

El cine sin voluntad y/o capacidad de demostrar la traslación entre creatividad, industria, impacto y audiencia ha representado al sector audiovisual en su integridad y gran parte del sector de las industrias creativas. Y lo ha hecho cometiendo dos grandes errores de soberbia: resistirse al cambio de modelo de financiación y distribución (a causa de la digitalización) y obviar los otros géneros del audiovisual considerándolos secundarios (perdiendo, pues, socios estratégicos futuros).

Y es que el problema del cine no solo reside en las fatídicas políticas de gobiernos insensibles al mundo cultural, que se traducen –dejando de lado el IVA– en la pasividad ante los impagos de antenas e instituciones de financiación sectorial que afectan a la competitividad interna e internacional, sino en su incapacidad de convertirse realmente en algo central para el sector audiovisual.

En breve veremos como el audiovisual presente en los videojuegos y aplicaciones, en las páginas web,  en el contenido de marca multiplataforma, en los grandes eventos, en los vídeos virales en la red, en la televisión social o en los canales especializados multiplataforma supera con creces el impacto y la rentabilidad económica y la capacidad de retorno de la inversión pública del cine regional europeo.

Y será entonces cuando, al escuchar las polémicas provocadas por el sector cinematográfico y el gobierno de turno, volveremos a plantearnos –por vigésima sexta ocasión–:

¿Por qué lo llaman cine cuando quieren decir audiovisual?

 

Lau Delgado

Octubre, 2013

Leave a comment

L'adreça electrònica no es publicarà Els camps necessaris estan marcats amb *

Podeu fer servir aquestes etiquetes i atributs HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

41577013